En Chile, el 88% de los hogares con personas mayores está conectado a internet, pero más de la mitad teme a la inteligencia artificial. Un estudio regional realizado por Precisar para la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI) revela por qué el verdadero desafío digital ya no es el acceso, sino el pensamiento crítico.
Durante años, la conversación sobre inclusión digital giró en torno a una sola pregunta: ¿cuántas personas tienen acceso? Hoy esa pregunta quedó obsoleta. En Chile, el 88% de los hogares con personas mayores tiene internet y el 83% cuenta con un smartphone. Y sin embargo, el 52% de ese mismo grupo manifiesta temor ante los impactos de la inteligencia artificial.
Esa distancia, entre estar conectado y saber habitar lo digital con confianza, es la brecha invisible. Y es el corazón del estudio "Caracterización del estado actual de la Alfabetización Mediática e Informacional dirigida a personas adultas y adultas mayores", una investigación encomendada por la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI) Oficina Chile y ejecutada técnicamente por Precisar.
Una radiografía regional, no una opinión
El estudio no parte de intuiciones, sino de evidencia levantada en terreno: 16 entrevistas estructuradas a informantes clave en 6 países (Chile, Argentina, Brasil, Colombia, España y México) y un catastro de 113 iniciativas de educación mediática en 11 países de la región.
Las voces recogidas cruzan todo el ecosistema digital: altos funcionarios de gobiernos y entes reguladores, fundadores de organizaciones de fact-checking y derechos digitales, investigadores especializados en vejez, inclusión y comunicación, y ejecutivos de empresas tecnológicas globales. Ese cruce de miradas permitió contrastar los marcos teóricos internacionales con lo que realmente ocurre en cada territorio.
Saber usar el celular no es lo mismo que saber pensar con él
Uno de los hallazgos centrales desarma una simplificación frecuente: la educación mediática no se reduce a detectar noticias falsas en el chat familiar. El estudio identifica que la formación solo rinde frutos cuando integra tres dimensiones a la vez:
Instrumental: manejar los dispositivos y aplicaciones.
Informacional: buscar, clasificar y ordenar los flujos de información.
Crítica: evaluar la calidad, la procedencia y la intención de los contenidos para tomar decisiones basadas en evidencia.
Cuando la base técnica se potencia con criterio analítico, los usuarios quedan efectivamente resguardados frente a riesgos concretos como fraudes y manipulación de datos. Sin esa tercera dimensión, la conectividad puede incluso amplificar la vulnerabilidad.
La edad no es el problema
Otro mito que el estudio derriba: las competencias digitales no dependen principalmente de la edad, sino del capital educativo acumulado, del entorno social y de la ausencia de programas flexibles adaptados a cada etapa de la vida.
Las necesidades, además, son activas y diversas. La población adulta (35 a 60 años) enfrenta actualización laboral, crianza mediada por pantallas y decisiones financieras en entornos digitales. Para las personas mayores de 60, la tecnología es mucho más que un trámite: es una herramienta clave para mitigar la soledad, reactivar vínculos y sostener la autonomía cotidiana.
¿Quién se hace cargo? Lecciones de Brasil y España
El análisis comparado muestra que las respuestas en la región suelen ser atomizadas y esporádicas, sostenidas por esfuerzos transitorios de la sociedad civil o alianzas privadas, como ocurre en el caso chileno.
Los contrastes son elocuentes. Brasil es el único país analizado con una estructura pública centralizada: la Secretaría de Políticas Digitales (SECOM), con un departamento dedicado específicamente a derechos en la red y educación mediática. España, por su parte, destaca por el rol activo de reguladores autonómicos como el Consell de l'Audiovisual de Catalunya y por la estrategia de competencias digitales de su Ministerio para la Transformación Digital.
Frente a la fragmentación local, el informe propone consolidar una gobernanza intersectorial con mandatos claros y adoptar el enfoque territorial de "Ciudades Alfabetizadas" de la UNESCO: articular el tejido local desde infraestructuras que ya existen, municipios, bibliotecas públicas, para ofrecer espacios estables de capacitación, co-creación y encuentro intergeneracional.
Descarga el estudio
La conectividad ya llegó. Lo que falta es lo que no se ve: las competencias para navegar con criterio un entorno cada vez más mediado por algoritmos e inteligencia artificial.
Te invitamos a descargar el informe ejecutivo completo y las fichas de las 113 iniciativas identificadas en la región:
Documento
Descargar estudio AMI para OEI (PDF)Un abrazo,
Equipo Precisar

