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Precisando · Informes

PISA 2025: cuando comprender se vuelve una urgencia democrática

Portada del informe OCDE PISA 2025 Results, Volume I: Future-Ready Students.

Chile sigue mostrando mejores resultados que varios países de América Latina, pero el nuevo informe PISA deja una advertencia incómoda: no basta con acceder a información si los estudiantes no cuentan con herramientas para interpretarla, contrastarla y usarla con criterio.

Hay datos que parecen escolares, pero no se quedan en la sala de clases.

PISA 2025 es uno de ellos.

Qué mide PISA y por qué importa

El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, conocido como PISA por sus siglas en inglés, es una medición realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la OCDE. Evalúa a estudiantes de 15 años en áreas como lectura, matemáticas y ciencias, pero su importancia no está sólo en medir contenidos escolares. PISA busca observar hasta qué punto los jóvenes pueden usar lo que saben para enfrentar problemas, interpretar información y desenvolverse en situaciones de la vida real.

Por eso sus resultados pesan. No son una nota más. Son una forma de mirar si los sistemas educativos están preparando a sus estudiantes para participar en sociedades cada vez más complejas, donde comprender, comparar y aplicar información se vuelve tan importante como memorizarla. En 2025, la evaluación tuvo como foco principal ciencias, junto con lectura, matemáticas y resolución de problemas computacionales.

Chile frente a la OCDE

La prueba volvió a mostrar una fotografía conocida para Chile: el país mantiene una posición relevante dentro de América Latina, pero sigue lejos del promedio de la OCDE. En ciencias, Chile obtuvo 442 puntos, frente a 482 del promedio OCDE; en lectura, 436 frente a 461; y en matemáticas, 403 frente a 463.

La comparación regional puede dar cierto alivio. La comparación internacional, no tanto.

El punto más delicado está en lectura. Según los resultados de PISA 2025, el 62% de los estudiantes chilenos alcanza al menos el Nivel 2 en lectura. Dicho al revés: un 38% no llega al nivel mínimo de competencia lectora. Y conviene detenerse ahí, porque Nivel 2 no es excelencia. Es el piso. Es la capacidad básica para identificar ideas principales, encontrar información relevante y reflexionar de manera inicial sobre lo leído.

Por eso sería injusto decir simplemente que “Chile está mal”. El resultado es más complejo. Chile no aparece hundido en la región. Pero esa lectura se vuelve insuficiente cuando se mira la tendencia: entre 2022 y 2025, el país bajó 12 puntos en lectura y 9 en matemáticas, mientras ciencias se mantuvo prácticamente estable.

La señal, entonces, no es de derrumbe. Es de estancamiento peligroso.

IA, lectura y criterio

Y hay una razón por la que este dato importa más hoy que hace veinte años. Los estudiantes no están leyendo en el mismo mundo. Están leyendo en medio de pantallas, plataformas, videos breves, buscadores, inteligencia artificial y una cantidad de información que no deja de crecer. El problema ya no es solamente encontrar datos. El problema es saber qué significan, de dónde vienen, cómo se conectan y cuándo corresponde desconfiar.

En Chile, la inteligencia artificial ya entró en la experiencia escolar: 51% de los estudiantes declara usar chatbots de IA al menos una vez por semana como apoyo para estudiar o realizar tareas escolares. Eso no significa necesariamente que aprendan más o mejor. Significa que la IA ya forma parte de sus prácticas de estudio. La pregunta, entonces, no es si los jóvenes van a usarla. Ya la usan. La pregunta es si saben evaluar lo que reciben, verificarlo y no reemplazar su propio criterio.

Porque una cosa es recibir una respuesta rápida. Otra es comprenderla. Una cosa es copiar una explicación. Otra es distinguir si está bien construida. Una cosa es pedirle ayuda a una máquina. Otra es mantener el propio criterio.

Ahí PISA 2025 deja una advertencia mayor. La OCDE muestra que el uso de tecnologías digitales ya forma parte del entorno escolar, pero también advierte que la distracción digital sigue siendo un problema relevante. En Chile, 47,9% de los estudiantes reporta que sus compañeros se distraen con recursos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias. Al mismo tiempo, 59% estudia en escuelas donde no se permite el uso de celulares.

Ese contraste es importante. Prohibir celulares puede ayudar a ordenar la sala, pero no resuelve por sí solo el desafío de fondo. La pregunta no es únicamente si los estudiantes tienen o no tienen pantallas cerca. La pregunta es si están desarrollando atención, lectura profunda, capacidad de contraste, pensamiento crítico y autonomía para moverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo.

Una señal de alerta para la democracia

No es sólo un dato educativo. Es una señal de alerta para la democracia.

No porque PISA mida democracia —no lo hace—, sino porque la vida democrática necesita ciudadanos capaces de entender información pública, comparar fuentes, reconocer manipulación, evaluar promesas, ejercer derechos y tomar decisiones con cierta autonomía.

Una ciudadanía que no comprende bien la información queda más expuesta a la desinformación, a la manipulación y a decisiones tomadas sin suficiente criterio. En tiempos de inteligencia artificial, plataformas y contenidos automatizados, leer no es apenas una habilidad escolar: es una forma de defensa democrática.

La tarea de Precisar

Eso es lo que Precisar viene planteando desde otro lugar: acceder a información no basta.

La información es mucho más que noticias. También son los contenidos que usamos para estudiar, los trámites que hacemos, los servicios públicos que necesitamos, las explicaciones sobre nuestros derechos, las decisiones cotidianas que tomamos y las tecnologías que median cada vez más nuestra relación con el mundo.

Por eso, cuando un estudiante no alcanza el nivel mínimo de lectura, el problema no termina en una prueba. Se proyecta hacia su capacidad de participar, preguntar, verificar, reclamar, aprender y decidir.

El presente y el futuro no pertenecen simplemente a quienes pueden acceder a información, sino a quienes pueden interpretarla, conectarla y darle significado.

Ese debería ser el centro de la conversación pública después de PISA 2025.

No basta con discutir si hay que prohibir celulares. No basta con comprar plataformas. No basta con enseñar a usar inteligencia artificial como si fuera una herramienta neutra. La alfabetización de esta época exige algo más profundo: atención, lectura, contexto, verificación, pensamiento crítico y autonomía.

Precisar llama a eso autonomía informativa: la capacidad de comprender cómo llega la información, evaluarla críticamente y usarla para tomar decisiones propias.

PISA 2025 no habla de Precisar. Pero sí confirma la urgencia de su trabajo.

Porque si el país quiere preparar a sus estudiantes para una sociedad atravesada por IA, desinformación y servicios digitales, la pregunta no puede ser sólo cuánto saben. Tiene que ser también cuánto comprenden.

Y ahí la conclusión es clara: Chile no necesita más ruido. Necesita más criterio.

Fuente:

OCDE, PISA 2025 Results, Volume I: Future-Ready Students. El informe completo puede descargarse aquí: https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2025-results-volume-i_73451bc5-en.html

Un abrazo.

Equipo Precisar