Precisando · Informes

Hechos frente a falsedades: la OCDE y la integridad de la información para fortalecer la democracia

En referencia: enero de 2025.

En un escenario donde las noticias falsas circulan a gran velocidad, la OCDE irrumpe con «Hechos frente a falsedades: Fortaleciendo la democracia a través de la integridad de la información».

El informe, lanzado en 2024, plantea un ambicioso plan de acción para pasar de parches aislados a un engranaje sistémico capaz de blindar nuestro espacio informativo.

Transparencia y pluralidad: el antídoto contra la monocultura mediática

La receta es clara: diversificar voces y abrir las ventanas de los algoritmos. El informe señala la urgencia de impulsar medios independientes —especialmente locales y comunitarios— y demandar cuentas a las grandes plataformas digitales, obligándolas a desvelar cómo filtran, priorizan o silencian contenidos. Solo así evitaremos el “efecto caja de resonancia” que encierra a las audiencias en burbujas informativas.

Educación y cocreación: activando la resiliencia social

Más allá de exigir transparencia, la OCDE insiste en armar a la ciudadanía con pensamiento crítico. Integrar la alfabetización mediática, informacional y digital desde la escuela primaria hasta talleres comunitarios es un pilar innegociable. Pero no basta con dar clases: propone involucrar a la sociedad civil, al mundo académico y al sector privado en el diseño de programas, midiendo su impacto a través de métricas que rastreen cambios en la susceptibilidad a narrativas engañosas.

Gobernanza renovada: de la teoría a la práctica

Para traducir buenas intenciones en resultados tangibles, la OCDE sugiere estas líneas de acción:

  • Mecanismos participativos efectivos: diseñar asambleas ciudadanas y foros deliberativos que definan prioridades y evalúen políticas de integridad informativa.
  • Leyes de acceso y datos abiertos: derribar barreras de información pública y permitir que periodistas y ciudadanos investiguen sin cadenas.
  • Colaboración clara con actores no gubernamentales: establecer directrices transparentes para evitar influencias indebidas cuando el Estado financie o coordine campañas de alfabetización o prebunking (prevención proactiva de rumores).
  • Función de comunicación pública reforzada: profesionalizar los canales gubernamentales para difundir alertas y prebunks en momentos de crisis, al tiempo que se salvaguarda su independencia.
  • Protección de actores vulnerables: crear protocolos para defender a periodistas, académicos y activistas de ataques, hostigamientos o campañas de acoso que busquen silenciarlos.
  • Investigación continuada: financiar estudios sobre patrones de consumo y tácticas de desinformación, para ajustar el rumbo de las políticas con datos de primera mano.
  • Transparencia en la financiación: exponer públicamente quién pone los recursos para cada iniciativa, desmontando sospechas de agendas ocultas.

En conjunto, estas recomendaciones apuntan a un ecosistema informativo más robusto, donde fluya la diversidad, se ejerza el escrutinio y se construya confianza. No es un manual de buena voluntad: es una hoja de ruta con preguntas clave sobre cómo asociarse, cómo medir resultados y cómo equilibrar libertad de expresión con protección contra la manipulación.

En un entorno donde un retuit puede cambiar el pulso de una campaña electoral, este informe invita a los gobiernos a tomar el volante: no basta con reaccionar a cada ola de desinformación; hay que anticiparla, desmenuzarla y, sobre todo, co-crear soluciones con quienes viven la realidad digital día a día. Porque una democracia saludable no se forja en el silencio, sino en el discurso plural, crítico y compartido.

Un abrazo,
Equipo Precisar.

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